Los neuromoduladores no son solo para las arrugas: usos que no esperabas

No solo eliminan las arrugas, también mejoran la flacidez, la luminosidad, la textura, la rosácea y nuestras emociones

No solo eliminan las arrugas, también mejoran la flacidez, la luminosidad, la textura, la rosácea y nuestras emociones

Quién se lo iba a decir, actualmente conocido como neuromodulador. Siempre ha sido el tratamiento para las arrugas por excelencia y el más solicitado en medicina estética: lo pide un 35,3% de los pacientes que recurren a ella.

Pues bien, aunque seguirá siendo su misión si hablamos de estética, ¡resulta que tiene otras virtudes!

Lo primero es entender cómo funciona esta sustancia: bloquea la actividad muscular. Es así como se difuminan las arrugas de expresión o dinámicas, es decir, las que nos salen cuando reímos, lloramos, nos sorprendemos o enfadamos. A su vez, se relajan los gestos y se nos ve más descansados. Pero todo esto no es nuevo, lo sabíamos y es parte del tirón de los neuromoduladores, precisamente esa buena cara que dejan.

EXTRA DE LUZ Y EFECTO REAFIRMANTE

Tampoco es novedad que un neuromodulador aporta mucha luminosidad. Si lo has probado, te habrás dado cuenta de ese brillo extra y esa piel jugosa que antes no tenías. Regula la vasodilatación y vasoconstricción de la piel, de ahí que genere un aspecto mucho más homogéneo. La aplicación, eso sí, es distinta.

Cuando se trata de mejorar la calidad cutánea se infiltra a nivel muy superficial, con cuidado de no llegar a la musculatura que contrae, que es lo que se hace cuando se trata la arruga. Además, se diluye mucho.

Lo que quizá no supieras es que el neuromodulador también trata la flacidez, y esto tiene que ver con su forma de funcionar paralizando la musculatura facial. Los músculos son como un sistema de poleas donde se tira de una cuerda, y el que tiene más fuerza tracciona más y gana.

GRASA Y CICATRICES

Otros usos que no conocíamos del gran remedio para las arrugas: regula la secreción sebácea y, por tanto, la grasa del rostro. Por eso tenemos un mejor aspecto de la piel en la zona donde se ha inyectado el neuromodulador; de paso, al regular la producción de las glándulas sebáceas, previene los brotes de acné. Y hay más: mejora las cicatrices de tipo queloide (las abultadas y engrosadas).

MÁS ALEGRÍA

Pero quizá el efecto más sorprendente del tratamiento no es estético, es emocional.

¿Qué pensarías si te dijéramos que al aplicarte un neuromodulador vas a enfadarte menos? Pues eso parece, a juzgar por los últimos estudios.

Al no poder fruncir el ceño sentiremos menos sensación de enfado. Los pacientes están más contentos porque se ven más guapos, obviamente, pero también influye y mucho más el no poder poner la expresión propia del enojo; es decir, el cerebro, cuando no podemos hacer un gesto, interpreta que no tenemos esa emoción, es decir, que no estamos enfadados o tristes. De hecho, se ha visto en resonancias cerebrales que, en los pacientes con la infiltración para las arrugas, la zona de la amígdala se había modificado. Se ha comprobado que sonreír nos hace estar más felices.

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